Sindicalizar la Igualdad

La participación de las mujeres en UGT se remonta a finales del siglo XIX, cuando una minoría de mujeres muy activas se une a la lucha de la clase obrera. Con la revolución industrial, desaparecen los pequeños talleres familiares y las mujeres para subsistir, se ven obligadas a aceptar trabajos en condiciones inhumanas en jornadas de diez y doce horas con un salario muy inferior a los hombres. En 1891, el periódico El Socialista les daría la bienvenida como combatientes que con entereza y energía participan en las huelgas y manifestaciones. En el Congreso de UGT de 1932 se incluye la consigna “A igual trabajo, igual valor” y se aprueba bajar la cuota a las mujeres para facilitar su afiliación. Cuatro años después la afiliación femenina era de un 4%.

Desde el año 1888 en el que se funda UGT, la consecución de la igualdad entre mujeres y hombres ha ido progresivamente cimentando los pilares de nuestra Organización, hasta convertirse en uno de los ejes centrales de la negociación y reivindicación sindical. Actualmente nuestras compañeras en la Federación de Empleadas y Empleados Públicos de UGT (FeSP-UGT) representan el cincuenta y tres por ciento de la afiliación y están presentes en todos los ámbitos de toma de decisiones. Sin embargo, la tendencia hacia la equidad social y laboral, a la que sindicalmente hemos contribuido, está sufriendo un importante retroceso, producido por las decisiones políticas en la gestión neoliberal de la crisis económica.

Los recortes en el Estado de Bienestar, a través de la reducción presupuestaria del gasto público en servicios esenciales, como sanidad, educación, asistencia social o dependencia, ha hecho que las Administraciones Públicas reduzcan su contratación y recorte los salarios, lo que ha repercutido directamente en un número importante de mujeres que optaban por esta salida laboral. Por otra parte, las mujeres se han visto obligadas a asumir, por el rol social que histórica e injustamente han ocupado, una parte importante de las prestaciones de cuidado y atención familiar que el Estado ha dejado de garantizar. Recordemos que la Ley de Dependencia ha sufrido una reducción de recursos y beneficios de un 14 por 100, paralizando el reconocimiento de los derechos y elevando los niveles de dependencia requeridos para obtener la prestación. Se ha reducido la inversión en educación infantil. Se han cerrado una gran parte de las escuelas rurales y eliminadas las becas de comedor y transporte.

A la vez que disminuía el gasto en prestaciones sociales y de cuidados, la reforma laboral del 2012 termina con las reducciones de cotizaciones por contratación de mujeres y adopta medidas que hacen más difícil la conciliación familiar, personal y profesional. Otro de los efectos perversos de las medidas de austeridad ha sido priorizar la contratación de empresas para la realización de servicios públicos, teniendo en cuenta el coste y no la calidad de la prestación que realizan, ni los derechos de la plantilla. O la promoción de empleos flexibles a tiempo parcial o autoempleo para las mujeres. Así como, el retroceso en políticas de igualdad, entre las que se encuentran las destinadas a la violencia de género, cuyos presupuestos han caído en más de un 26% desde el año 2010.

Las consecuencias son evidentes, tal y como indica el informe de UGT para el ocho de marzo, que sitúa en un 23,6% el paro femenino (España es el segundo país europeo, después de Grecia, con los niveles de desempleo femenino más alto). La ocupación a tiempo parcial también es mayoritaria para las mujeres. La desregulación del mercado de trabajo con empleo irregular, inestable, precariza-do en una sucesión de contratos puntuales con salarios bajos y jornadas parciales recae en mayor medida en los sectores feminizados entre los que se encuentra la sanidad y la dependencia, con especial incidencia en el trabajo a domicilio y en resi­dencias.

La brecha salarial se ha incrementado en estos cuatro últimos años, pasando del 22,55% al 23,25% en el salario medio anual. La consigna “Igual trabajo, igual valor” que reclamábamos en el congreso de UGT de 1932 sigue siendo hoy, uno de los mayores exponentes de desigualdad en el mercado laboral.

Casi el 98% de los permisos de maternidad son disfrutados únicamente por la madre frente al 2,04% de padres y las excedencias (no retribuidas) por cuidado familiar son casi exclusivamente para las mujeres.

Estos datos reafirman la importancia de sindicalizar la igualdad en la negociación colectiva, a través de los convenios y planes de igualdad, con el objetivo de mejorar las condiciones de trabajo e introducir medidas de corrección en el acceso, la formación, la promoción y la remuneración, así como acciones dirigidas al análisis de categorías y niveles salariales, de forma que obedezcan a criterios objetivos, en estrecha relación con el desempeño de las tareas, y valorándose las aptitudes necesarias como elemento para fijar retribuciones iguales por trabajos de igual valor, paliando los actuales sistemas de clasificación directa o indirectamente discriminatorios.

Desde FeSP-UGT reiteramos nuestro compromiso sindical en la lucha contra la dis­criminación por género, que se concreta en la negociación de convenios y planes de igualdad en los que trabajamos para incorporar acciones positivas, para actuar contra la violencia de género y el acoso, así como para incorporar medidas de conciliación dirigidas tanto a las trabajadoras como a los trabajadores.

Continuamos exigiendo la recuperación de la inversión en políticas y servicios públicos, la contratación y reposición de plantillas necesarias para recuperar los derechos perdidos y seguir avanzando en la construcción de un Estado de Bienestar que priorice a las personas frente al mercado. Reiteramos la importancia de los Organismos de Igualdad, así como el desarrollo de la Ley de Igualdad efectiva entre mujeres y hombres, la urgencia de cerrar un pacto de estado contra la violencia de género y la aprobación de una Ley de Igualdad Salarial.

Este ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora queremos mostrar nuestra solidaridad con todas las mujeres del mundo, en especial con las refugiadas que huyen de la guerra o de situaciones de explotación, de falta de libertad o de violencia. Exigimos acuerdos internaciones para que en todos los países del mundo se garanticen los Derechos Humanos de las Mujeres.

Este ocho de marzo, y los 364 días restantes, desde FeSP-UGT seguiremos trabajando sindicalmente por que la igualdad entre mujeres y hombres deje de ser una utopía.

Julio Lacuerda, Secretario General de FeSP-UGT

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