Un fantasma recorre Europa

Las recientes elecciones que se celebraron en Francia, hicieron que vislumbráramos los antiguos fantasmas. Recuperamos la calma cuando en la segunda vuelta se despejó la posibilidad de que llegara a la presidencia el partido del frente Nacional. Sin embargo, el peligro que se cierne sobre la vieja Europa sigue siendo extremadamente grave. Basta con escuchar el mensaje que una parte importante del electorado ha manifestado en las urnas, facilitando el  avance de grupos de extrema derecha como Amanecer Dorado en Grecia, el FPó en Suecia. La crisis europea que ha empobrecido a las clases medias, constituye la puerta de entrada de un neofascismo que intenta acortar distancias con los partidos democráticos, para lo cual, tal y como afirma el eurodiputado  Français Glyn Ford, se presentan como partidos populistas de derechas, con un lenguaje más amable que sustituye  los términos racistas y xenófobos, por conceptos como nación, tradición, soberanía o comunidad, pero que no dejan de esconder políticas de discriminación e intolerancia.

Es el caso del Frente Nacional liderado por Marine Le Pen, los votos llegan  principalmente del sector de población más precarizada por la crisis, con la promesa de recuperar “Francia para los franceses”. Una identidad en la que no incluyen aquellos descendientes de inmigrantes, nacidos en el país, que ya constituyen la segunda y tercera generación. A pesar de que Francia ocupa el ranking 17 de la OCDE, la población francesa considera que los inmigrantes suponen un 24% de la población, cuando en realidad solo alcanzaba el 8,5% en 2014 (Insee). El juego de percepciones que está siendo utilizado por los partidos de extrema derecha supone una amenaza para la cohesión social, la justicia y la libertad, atentando contra los principios de la democracia.

Una democracia  que Europa fue asentando tras las heridas de las Guerras Mundiales. Recordemos que el fascismo causó estragos en los años treinta y acabó en la segunda Guerra Mundial. Sin embargo en la década de los ochenta, los partidos de extrema derecha comenzaron a resurgir de nuevo con el discurso de la invasión migratoria. Y en el nuevo milenio, acaparan el descontento a través de la exacerbación del miedo y el radicalismo. El corta fuegos del discurso del odio, el racismo y la intolerancia, se encuentra en el marco cultural y jurídico que hemos consensuado en la Unión Europea, en la que contamos con leyes que prohíben la discriminación por raza, nación, sexo, orientación,  capacidad o cualquier otra situación Tenemos capacidad para construir una convivencia basada en el respeto de la diversidad desde la igualdad de oportunidades. Sin embargo, para que las palabras se conviertan en acciones, es necesario que cada uno y cada una de nosotras, tanto en los puestos de trabajo, en nuestro caso en la administración pública, como en la calle, en nuestro posicionamiento político o en nuestras relaciones, nos posicionemos del lado de los derechos humanos y en contra de la barbarie de la exclusión. La historia vivida en europea nos ha demostrado que para vencer el fantasma del radicalismo y el odio, es indispensable gestionar desde los pilares de la paz, el entendimiento y los derechos humanos. En horas de incertidumbre, como las que estamos atravesando en la actualidad, es importante no bajar la guardia. No justificar lo inaceptable. No dar la espalda al entendimiento, ni ceder ante las presiones de los perjuicios y la intolerancia. Un fantasma recorre Europa. Es tiempo de encontrar soluciones sin exclusiones.

Julio Lacuerda

Secretario General Fesp UGT

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