Revista La Karishina 8M ESENCIALES

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ESENCIALES

Eran necesarios los aplausos, los mensajes en redes, el apoyo en los barrios. Era necesario decir que su trabajo es esencial. Que están salvando vidas. Que están cuidando a quienes más queremos. Era necesario reconocer su cansancio. Ayudarles con pequeños gestos para no desfallecer. Agradecerles que limpiaran las calles cuando no podíamos salir. Que ayudaran en los pueblos. Que acudieran a las residencias. Durante semanas, quizás meses, nos sentimos parte de una comunidad. Reconocimos la labor de quienes trabajan en residencias. De quienes acuden a las casas para cuidar a quienes necesitan ayuda. De un profesorado que hacia lo imposible para conectar detrás de las ventanas. De quienes se ponían en riesgo en la primera línea de la Covid 19 en los hospitales, en las calles, en las casas. 

Una ola de agradecimiento inundo las ciudades y los pueblos. Y nos sentimos parte de una ciudadanía protegida por el desvelo de quienes sostienen con una red de servicios para nuestro bienestar.
Y allí estaban ellas. Constituyen el 80% de las trabajadoras de sanidad y servicios sociales. En residencias y ayuda a domicilio son ellas las que cuidan a las personas mayores y dependientes. Son el 98% en educación infantil. Son las dependientas que nos atienden en las tiendas y supermercados. Las psicólogas que respondían a las llamadas de auxilio en los teléfonos de emergencia. Son trabajadoras esenciales de los servicios públicos. 
Por unas semanas, unos meses quizás, los cuidados se ubicaron en el centro de la agenda política. Se hizo visible lo esencial. Vimos con toda claridad a las trabajadoras que sostienen los cuidados.  Nos paramos a valorar su esfuerzo y sentido de responsabilidad. Fuimos conscientes de que para trabajar en los sectores de cuidados es necesario formación y profesionalidad. 
 
Porque a lo largo de la historia, lo más esencial de la vida, los cuidados los han realizado las mujeres en el ámbito privado, sin el reconocimiento debido. Que si, que el día de la madre, siempre había un ramo de flores o una comida especial. Y cuando los cuidados se trasladaron al ámbito público, como un trabajo remunerado, la sensación de que es un saber con el que las mujeres nacimos, siguió en el inconsciente de la sociedad. Algo tan natural parece sencillo, incluso que se realiza sin esfuerzo. Así que se naturalizo que tuvieran horarios infernales, jornadas a turnos, condiciones laborales precarias y salarios de saldo. Porque era una tarea (que no un trabajo) que las mujeres habíamos realizado de toda la vida del señor,  en silencio y sin quejarnos. Se ha normalizado una brecha salarial de género que en sanidad y servicios sociales alcanza el 28% o que las trabajadoras de cuidados sean asalariadas pobres, que hacen lo imposible para llegar a final de mes. Pero nada de esto es natural. Y es injusto. Por eso este 8 de marzo, vamos a volver a aplaudir, vamos a salir a los balcones, vamos a demostrar nuestro reconocimiento. Vamos a exigir que los cuidados estén en el centro de la agenda política. Y lo que es más importante. En los presupuesto. 
 
Este 8 de marzo y los 365 días restantes seguiremos trabajando sindicalmente por salarios dignos, condiciones laborales justas, recursos humanos y laborales acordes con las necesidades de los servicios de cuidados, sanidad, educación…
 
Porque ellas son esenciales. Y sus condiciones laborales también. Gracias por tanto
 
Luz Martinez Ten
Sª de Mujer y Políticas Sociales FeSPUGT
 
 
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